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dimecres, 29 de febrer de 2012

Cada día es lo mismo, cada segundo es distinto.

Hablan los labios de un criminal. De aquel que al andar por sus calles habituales solo piensa en buscar, en encontrar algo que poder patinar.


Hablo en nombre de aquellos que a cada paso que dan miran a su alrededor y piensan, debería haber llevado conmigo mi otra mitad.. Cerramos los ojos y pensamos si alguien más ve lo que nosotros. Pero no, nosotros no vemos la calle como los demás, vemos un poco más allá, porque no sabemos ver nada más que eso. Ellos ven un banco, nosotros un sinfin de posibilidades. Ellos ven una piscina, nosotros un mar de ideas alocadas. Ellos ven un skatepark, nosotros no vemos nada.


Te despiertas por la mañana y ahí está, incondicional a ti, esperando a rodar un dia más, a volver a empezar otra vez. La tomas, cojes la tabla y sientes que ya no hay marcha atrás, decidiste hacer ésto hace tiempo, forma parte de ti, lo necesitas. El skate es para nosotros lo que el crak para un yonki, es nuestra ambrosía y nuestro néctar, nuestra droga dura, nuestro alucinójeno que nos separa de la realidad. Sí, lo que la gente ve es una tabla de madera, pero nosotros vemos un mundo sobre cuatro ruedas.


Es nuestra parte irracional, la idea incorrecta para los demás, aquello que nos hace creer en lo que nadie quiere ver, el triumfo. El poder superarte a ti mismo cada día después de caer, hasta que tus piernas digan basta y empezar otra vez.


No hay nada de malo en caer, el suelo que a veces nos toca morder, es el mismo que nos ayuda a levantarnos y volver.


Una vez más, estás en frente de esas escaleras que partieron tu antiguo mundo en dos. Vuelves a sentir ese cosquilleo entre los dedos de los pies, ese temblor imparable, imperceptible quizás, pero que te hace vibrar, porque te estás a punto de inyectar tu dosis diaria. Cierras los ojos, escuchas el latido de una caja con forma de corazón, que ahora, aun resuena vacía. Espera, pierde el tiempo, cuenta hasta tres y saltate el dos. Ya has decidido, no puedes esperar más, toca saltar.


Segundos antes de volar, comprendes porque haces todo ésto.


Caes, te sientes atontado, alguna risa incontrolada se le escapa a algún espectador espontáneo que ha visto todo tu ritual. Te levantas, no escuchas nada, estás sordo y ciego, solo quieres más. Sabes que ésto te puede llenar, sólo tienes que levantarte y probar.


No, probar no.

Lo haces.


Segundo intento. Resvalas. Mal. Otra vez. Tropiezas. Venga, una vez más... A cada caída te sientes más enganchado, no lo puedes dejar. Aquel espectante personaje que sigue esperando verte caer quizás cree que eres masoca. No te sientes incomprendido, simplemente sabes que no podrá sentir nunca nada de lo que a ti te está ocurriendo. Es un no parar. Cambias la canción de tu mp3, suena aquella música que te trae recuerdos, subes las escaleras, tus pies flotan bajo nubes, empiezas a no sentirlos, las notas siguen sonando, rebotando en las paredes huecas de tu caja con forma de corazón, pero no por mucho tiempo. Llegó el momento.


Un último suspiro. Cojes la tabla, miras al suelo, miras los ojos del insensato que sigue esperando verte caer una vez más y en sus ojos no ves nada, pero tu, aun tienes la madera entre tus manos, tu mundo esperando rodar.


Te lanzas una vez más escaleras abajo.


Eureka.


Te sientes distinto, lleno, anonadado, has dejado de estar angustiado, todo ha desaparecido, ya no te importa el dolor de tus tobillos, rodillas y manos, has vencido.


Frenas, te giras. Aquel que esperaba impaciente ver como mordías el suelo ya no existe, se ha esfumado porque ya ha pasado de su pasatiempos. El skate no es una moda, no es ningún juego, ni tampoco un crimen, el skate no es nada, si no lo vives. Pero cuando entiendes lo que significa tener tu mundo bajo tus pies, el skate lo es todo.


Llegas a casa, nadie sabe lo que ha estado para ti aquel salto. Saltar al vacío y volver intacto, esa es nuestra sensación de cada día, la de todos nosotros, la de los adictos a la adrenalina.


No pedimos nada a cambio de los demás, no esperamos nada de nadie, porque sabemos que nadie nos logra entender. Que no lo intenten, no podrán si no lo viven, y no podrán vivirlo, para ellos esto es un crimen.


Nos gusta ir ciegos de lo único que vemos: Patinar. Nos gusta vivir sin techo: ver el cielo, las estrellas, sentirte una de ellas al haber logrado tu objetivo del día.


Lo mejor de todo: el día más fácil fue ayer. Mañana más y mejor.